Amistad en tiempos de coronavirus.

Hoy he ido a la peluquería después de más de cuatro meses y con unas raíces que me llegaban al suelo. Menuda falta me hacía. He pasado una tarde maravillosa porque al final acabo pasando una media de tres horas, que conseguir este pelo azul no es cosa de un chasquido. Mi querido novio me ha venido a recoger, aprovechando para dar un paseo por una zona de Madrid que tenía bastante abandonada. Dado que ya estamos en fase 2, las tiendas parecen que van retomando "la normalidad" y el hecho de salir simplemente a dar una vuelta se podía realizar. Así que nos fuimos prácticamente directos a La Central, aquella librería de 3 pisos en la que solemos perdernos, viendo las novedades y recuperando algún que otro clásico. Pues bien, después de haberme enamorado de dos libros preciosos de Leonora Carrington nos dispusimos a bajar a la planta de abajo para realizar el pago y, ¡oh, sorpresa! Había una cola que llegaba al primer tramo de escaleras de subida, por esto de mantener la distancia de seguridad.


Justo delante teníamos a un chico con su hija tremendamente adorable, con su mascarilla y su patinete de 3 ruedas. Muy parlanchina, en seguida me empezó a contar los libros que se iba a llevar y justo en ese momento apareció otra niña que estaba un poco más adelante. Y surgió la conexión. Ambas empezar a hablar, se presentaron, se enseñaron los libros que se iban a comprar y la más pequeña le ofreció a la otra jugar juntas. La primera, un tanto tímida, buscaba el permiso de su padre mientras él las miraba con un cariño de esos que solo te salen cuando eres madre (o padre). Por un momento fueron amigas y hablaban con una naturalidad que perdemos al crecer, qué pena.


En ese momento me quise morir de amor. Qué adorables los peques con esa ingenuidad.



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