Post 10: Morriña

Desde que estuve en Exeter no siento eso que los gallegos llaman morriña. Homesick para los ingleses. Tengo la suerte de vivir, de momento, en la ciudad en la que me crié. Es por eso que ahora me cuesta conectar con ese sentimiento. Quizás porque hace mucho que mi etapa en Inglaterra ocurrió.


Mi pareja no es de Madrid y, por eso, cada día me hago más consciente de lo que es vivir en un sitio que no es tu hogar. Es una putada, hablando claro. Pero también te hace descubrir sitios nuevos y te hace conocer nuevas culturas. Todo el que me conoce sabe que suelo ser muy negativa, pero de vez en cuando no viene mal salir de ese bucle e intentar ver lo bueno de cada situación. Abrirse, querer descubrir rincones. Al fin y al cabo, vivir.


Siempre me ha gustado viajar porque desde pequeña he considerado que es algo que te enriquece. El haber nacido en un sitio tan básico hace que quiera buscar lo extraordinario. Soy muy cobarde, pero he tenido momentos de mi vida donde me he auto-impuesto la necesidad de estar en otro sitio. Vivir la experiencia de estar en un sitio que no controlas, dejarte llevar. Y la verdad es que los resultados siempre son positivos, incluso cuando crees que no. De todo se aprende, o eso dicen.



Perdamos el miedo a disfrutar del lugar en el que estamos, soltémonos, que la inspiración está tan cerca como queramos.



Catedral de Exeter, Reino Unido.

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