Post 12: La Crisis

El fin de semana pasado fue uno de los más intensos que he vivido a nivel laboral. Realmente no ha sido una cuestión de trabajar muchas horas. Era más cansancio mental y emocional. Llegué a mi límite, sobrepasé la línea. Mi cuerpo incluso me llegó a decir: ¡basta! El año pasado estuve de baja a causa de un lumbago. No se lo recomiendo a nadie. Fue uno de los dolores más intensos que he podido sufrir a lo largo de mi vida. Además, apenas me podía mover, con lo cual fue bastante frustrante. Os lo cuento porque una vez que has padecido de lumbago, te puede ocurrir de nuevo. Y eso es lo que me pasó este fin de semana.


Últimamente estoy muy conectada con mi cuerpo, soy más consciente de las dolencias que sufro. Algunas de ellas están unidas al estado emocional en el que me encuentre en ese momento. Creo que el dolor de espalda fue el centro de un conjunto de sensaciones que desembocaron en la crisis que tuve a principios de semana. Es una sensación tan horrible que no se la recomendaría ni a mi peor enemigo (bueno, quizás sí. Depende de quién estemos hablando). Esa sensación, esa angustia, ese malestar. Replantearte si lo que estás haciendo con tu vida es lo correcto, si vas por el camino adecuado.


Dicen que cuando cumples 40 años significa pasar a través del ecuador de tu vida. Sin embargo, llegar a los 30 años es toda una proeza. Conseguir establecer una vida para cuando llegas a ese punto dice mucho de ti. Tener trabajo, un lugar donde vivir, establecerse. En mi caso, lo he conseguido. O al menos de momento. Aun así siento que todavía no me encuentro donde debería estar, sobre todo a nivel laboral. Me siento estancada, atrapada. Todo llegará, espero, así que ahora toca armarse de paciencia.


Nos inculcan desde pequeños que hay que estudiar para tener un buen trabajo y que, además, hay que ganar mucho dinero. Pero lo que no nos dicen nunca es: busca algo que te haga feliz. Tienes que ser una pieza más del puzzle que conocemos como sociedad. Y, la verdad, me niego a formar parte de esa dinámica. Sacrificar mi felicidad no es una opción, eso lo tengo claro. Si para ello tengo que salirme de la norma, adelante.



Probablemente no sea un objetivo realista pero, si mi objetivo en esta vida no es ser feliz, ¿a qué se reduce todo?



La crisis.

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