Post 13: Manías

Soy maniática. Lo admito. Bueno, no lo admito, lo digo sin tapujos. Vivimos en una sociedad en la que parece estar estigmatizado el tener manías. Con el paso de los años te vas conociendo mejor, te vas descubriendo. Y sí, te das cuentas de que te gustan las cosas de cierta manera, con un cierto orden. Pero oye, que eso no es malo. La vida consiste en eso, descubrir lo que te gusta, cómo te gusta y hacerlo. Y luego ya vemos.


Entre todas mis manías, aquí van algunas: da igual el trayecto que haga, tengo que hacerlo con Spotify como banda sonora. Siempre subo y bajo los escalones con el pie derecho primero, a pesar de ser zurda. No me gusta que me toquen el pelo, excepto una persona en especial. Tengo que salir de casa con el reloj y mis anillos puestos, que son unos cuantos. Si empiezo a leer algo de un autor o autora en concreto, tiendo a leerme toda (o casi toda) su bibliografía. Y así podría tirarme toda una tarde enumerando mis manías, pero no os quiero aburrir.


Teniendo cada vez más cerca la treintena me doy cuenta de que es ahora cuando me estoy empezando a conocer. Vuelvo a conectar con cosas del pasado, con gustos que tenía de adolescente. Y me doy cuenta de que me sigue gustando, pero de otro modo. En apenas un año he vivido cambios en todos los niveles de mi vida que me han hecho madurar y ser más fuerte. No obstante, mi objetivo es no dejar atrás a ese yo del pasado porque también forma parte de mí en aspectos que no había pensado hasta este momento.



Mis manías son mías y de nadie más. Me definen como persona y hacen que mi personalidad se materialice en cada uno de mis actos. Por eso estoy tan orgullosa de tener mis costumbres tan arraigadas. Tengo muy claro que son cosas que no voy a cambiar porque, si desaparecen, ¿qué me queda?



Todo atado y bien atado.

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