Post 6: Reflexión postvacacional

Actualizado: 11 de mar de 2019


Hacer una escapada siempre viene bien. Consigue que te airee, te llena de energía y hace que vuelvas renovado, aunque generalmente agotado. Después de pasar unos días disfrutando de la calidad que tiene el norte, me di de bruces con la realidad para volver con la rutina del trabajo. Pero no os penséis que lo digo desde un plano negativo, si no todo lo contrario. Fruto del agotamiento surgió una conversación bastante profunda e interesante con mi compañera de trabajo. Y aquí viene lo bueno.


Ambas llegamos a la conclusión de que, a medida que te acercas a la treintena, la vida (llámalo karma, llámalo destino) te va ofreciendo momentos, a todos los niveles, que hacen que vayas encauzando tu camino. Y entre esos momentos está uno de los que considero más importantes. Normalmente, aunque no siempre, se suele encontrar una pareja antes de cumplir treinta años. Un compañero de camino en el que no te hubieras fijado ni de lejos cuando apenas tenías veinte años pero que, con el transcurso de los años, empiezas a valorar otro tipo de cosas. Te encuentras con alguien a tu lado que te entiende, te apoya, te da confianza y seguridad y que, además, te quiere a rabiar. Creo que llega en un momento clave en el que se define tu camino como tal y se entremezcla con el suyo. Es una de las sensaciones más bonitas que he vivido en mucho tiempo. Saber que alguien está ahí, sentirte querido.



Perdonad que me ponga mimosa, pero en estas fechas es un poco inevitable.


Conexiones que conllevan madurez.

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