Símbolos

Por razones que no vienen al caso me veo en la posición de opinar. Hoy, como una buena tarde típica de viernes, he acabado yendo al cine y la mejor opción de la cartelera ha sido “Mientras dure la guerra”. Desde su estreno ha sido un largometraje muy criticado y atacado, pero creo que refleja muy bien la realidad política y social de aquel momento. Nos situamos en julio del 36, aquel momento crítico en que se decidirá que luchar y matarnos entre nosotros será la mejor solución para los desastres de la Segunda República. Pero esto solo me sirve para situar el contexto, lo interesante viene ahora.


Como bien me estoy dando cuenta de un tiempo a esta parte, los símbolos son tremendamente importantes para construcción de un ideario para una nación. Y no me gusta hacer spoilers porque es algo que no soporto que me hagan, pero hay una escena muy destacable de la última cinta de Amenábar en la que tienen protagonismo dos elementos básicos: la bandera y el himno. El primero, como inicio de un cambio clave para las bases del franquismo, el cambio a otra bandera, a una más relacionada con el ideal que querían transmitir. Y le pareció que la mejor era la monárquica, la bicolor, para recuperar la unificación de España. Esta fue una bandera anecdótica ya que solo la usaron durante el periodo bélico que llegó a durar tres años. Y junto a ella se suma el himno, que todos damos por hecho que no tuvo letra, pero anteriormente sí que la tuvo. En concreto cantan una versión que se creo para Primo de Rivera, cosa que dice mucho.


Pero lo que quiero venir a decir es que son símbolos que se apropian como suyos y que tienen un origen un tanto curioso y que es entendible que Franco los tomara como suyos. Sobre todo para diferenciarse del otro y para que, gracias al otro, tuviera una contraposición. Porque de eso se trata, nos definimos en base al diferente. Y lo más interesante de todo es que lo que plasma la película es un gran paralelismo con lo que está ocurriendo actualmente. Estamos perdiendo la homogeneidad y ahora lo diferente es lo malo. No tendemos puentes, los quemamos. Destrozamos en un segundo lo que se ha tardado mucho tiempo en construir. Se está dando una ruptura a nivel mundial que es escalofriante, a mi modo de ver, sobre todo porque vivimos en la era de la globalización. Y en vez de dar soluciones, muy fáciles en realidad, se decide que es mejor utilizar la fuerza bruta.



Paradójico, ¿no creéis?


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